“Diatriba de la victoria”: Interpelación sin medias tintas

DIATRIBA DE LA EMPECINADAEl llamado “Discurso de la victoria” de Salvador Allende, el monólogo “Diatriba de la empecinada” de Juan Radrigán y un poema del psicoanalista Roberto Aceituno sirven de materiales al director Rodrigo Pérez y a la compañía Teatro de la Provincia para erigir un alegato que interpela a la platea a fin de conjurar todo síntoma de amnesia social.

El montaje -que fusiona los textos bajo el título de “Diatriba de la victoria”-  vuelve los pasos sobre tópicos que progresivamente desaparecen del discurso público y los despercude como huellas enquistadas en la memoria colectiva.

La obra muestra a cuatro operarias –interpretadas por Amparo Noguera, Catalina Saavedra, Gabriela Aguilera y Marcela Millie- sumidas en una rutina laboral alienante que ejecutan con estoicismo.

Conforme transcurre la jornada, se les escucha apropiarse de los textos que urdidos de esa manera dan forma a un corpus coherente, restituyendo suturas y dando sentido a la cadena de voces fragmentadas, como si la labor colectiva contrapesara la enajenación individual.

Mientras en el discurso de Allende de noviembre de 1970 cristaliza la utopía de la sociedad igualitaria, en el soliloquio de Radrigán prevalece una rabiosa tenacidad por reclamar los cuerpos de los detenidos desaparecidos.

El verbo de uno y otro circula en los cuerpos de las mujeres hasta que el ardor y la hidalguía movilizan a una de ellas (C. Saavedra) a protagonizar una diatriba mayúscula, sin medias tintas, que retumba en la sala mientras le secunda una de sus compañeras (A. Noguera) en la aflicción de las causas perdidas.

Esto otorga decididamente al montaje las cualidades de una imprecación que relativiza todo ilusionismo teatral (incluida la cuarta pared) en pos de la remoción del espectador, un gesto elocuente de la mirada implícita de país que contiene la puesta.

Aun así, el conjunto se presta para valoraciones estéticas. En particular, la concepción espacial de Alexandra von Hummel, la iluminación de Andrés Poirot y el diseño de Ingrid Hernández y Leonardo Chaparro, que construyen un entorno de fuerte carga simbólica, en que el uniforme de las operarias, la luz fluorescente y una mesa de trabajo delinean la triste resignación de la mano de obra.

“Diatriba de la victoria”, de compañía La María. Teatro La Memoria (Bellavista 0503). Jueves a sábado a las 21.00 horas. $6.000 y $3.000.

Escrito por: Javier Ibacache | Octubre 25, 2009 | Archivado en: Crítica, Noticias

“Caín”: Espectros de la devastación

Montaje número 17 en la producción del grupo La María, “Caín” muestra un territorio devastado donde el sistema FOTO CAINeconómico ha cedido al colapso y las reglas de la competencia han dado lugar a una confrontación feroz que estrecha la suerte de la especie humana.

La obra escrita y dirigida por Alexis Moreno alude desde su título a una raza maldita –como consigna el relato bíblico-, introduce referencias al Chile actual y especula con la agudización de las condicionantes de un sistema neoliberal que fuerza las pugnas de clase.

En las cuatro situaciones que integran la puesta prima una atmósfera asfixiante y apocalíptica gracias al uso de una pantalla que cubre la totalidad de la boca del escenario, difuminando el espacio y generando una perspectiva sombría.

La dramaturgia introduce elementos del género del terror que se entremezclan con imágenes inquietantes y alegatos desesperanzados de los sobrevivientes a la hecatombe: padres, profesores y alumnos que deambulan con magulladuras y mutaciones a flor de piel, llevando máscaras protectoras, hambrientos de un vínculo que apacigüe la angustia.

Como en los primeros trabajos de la compañía (en particular, en las obras que fueron parte de la Trilogía Negra), el sarcasmo hace las veces de catalizador de la tensión y va a la par de la conciencia que los personajes tienen de su fracaso.

Pero a diferencia del pesimismo activo que se imponía en esas creaciones –y que torcía aparentemente la suerte de los protagonistas-, acá se instala una pesadumbre aplastante de principio a fin, que no ofrece salidas y que socava incluso las lealtades filiales, como si el autor hubiera trocado también su mirada del país por un agudo desencanto.

De hecho, un verbo violento copa progresivamente los diálogos en medio de la desesperación y da lugar a un habla sucia y cargada que sedimenta los cuerpos de los actores –Alexandra von Hummel, Tamara Acosta, Rodrigo Soto y Alexis Moreno-, quienes transitan con arrojo por zonas de emociones pantanosas y alcanzan interpretaciones de tanta hondura como ímpetu, en especial durante los monólogos, auxiliados por micrófonos ambientales.

La estampa enrarecida se potencia con el diseño de escenografía de Rodrigo Ruiz y la iluminación de Ricardo Romero, que en conjunto dotan de profundidad de campo a la escena gracias al establecimiento de matices cromáticos, el emplazamiento de dos series de ventanales derruidos en los costados del escenario, la movilidad de grandes estructuras que recortan la acción al fondo y el delicado juego de sombras que permite la pantalla.

En ese entorno, los personajes adquieren el cariz de espectros de la devastación y su suerte configura una alegoría de crisis terminal.

“Caín”, de compañía La María. En Sala Santo Domingo de la Universidad Mayor (Santo Domingo 711). Jueves a sábado a las 21.00 y domingo a las 20.00 horas. $5.000 y $2.000.

Escrito por: Javier Ibacache | Octubre 23, 2009 | Archivado en: Noticias

“Ensayo”: cruda trastienda del show

Jean Anouilh estrenó FOTO DE OBRA ENSAYO, DE CARLOS BORQUEZ en 1947 inspirado en la Francia de post guerra, cuando las heridas ocasionadas por el conflicto permanecían intactas y la sociedad trataba de rearmarse volcándose al escenario.

En el original, un grupo de mujeres que forman una mini orquesta ensayan la presentación que pronto harán en el restaurante de un balneario, pero el ejercicio se ve obstaculizado por la desolación que acosa a los personajes y la explosiva rivalidad afectiva que protagonizan dos de ellas.

La dimensión tragicómica de la obra primó en las versiones que se hicieron a partir de su estreno, la mayoría de las cuales optó además por travestir a la orquesta y encargar su interpretación a un elenco masculino.

Carlos Bórquez recupera en su adaptación los componentes esenciales del texto de Anouilh y al tiempo que reubica la acción en un centro termal de provincia, devela la crudeza de la situación con implicancias pavorosas.

En la puesta, los personajes forman un coro que itinera por regiones con un repertorio heterogéneo y meloso. Mientras matan el tiempo en una reducida habitación a la espera de actuar, comparten sus historias de desamparo y son testigos impávidos de la violencia cotidiana y el abuso de poder.

El tenso desarrollo dramático que sigue la pieza y la cuidadosa caracterización de personajes –todos tipos femeninos reconocibles en el Chile aparentemente desprejuiciado y liberal de clase media baja- constituyen un valioso e inusual ejercicio de realismo que suele ser subestimado por el teatro local y que acá demuestra una efectividad avasalladora.

Libre de experimentaciones estériles y evitando conducir el conjunto hacia lo grotesco, el director retrata el estado actual del país con una agudeza inestimable, donde el humor negro no obstaculiza que la trastienda del show se convierta en metáfora de aquello que se ha dado en llamar “farándula”.

De tal suerte, el montaje deja al descubierto un estado de descomposición social en que las heridas sólo han mutado, las relaciones afectivas perpetúan una dinámica autoritaria y el consumo de televisión opera como el más efectivo método de adormecimiento.

Junto al abrumador espacio escénico, la producción encuentra un soporte decisivo en el elenco que agrupa a intérpretes de gran potencial vocal y dramático: Priscilla Guerra, Cecilia Herrera, Juan Pablo Miranda, Loreto Pantoja, Mónica Ríos,  Carla Romero, Marcela Salinas y Elisa Vallejos, quienes muestran una equilibrada y admirable destreza actoral para sostener los matices de las situaciones, cantar a capella una pieza de transiciones complejas y dotar a la representación de un doloroso sarcasmo.

“Ensayo”, de Carlos Bórquez. Sala Antonio Acevedo Hernández (Ernesto Pinto Lagarrigue 180). Jueves a sábado a las 21.00 y domingo a las 20.00 horas. $4.000, $3.000 y $2.000.

Escrito por: Javier Ibacache | Octubre 23, 2009 | Archivado en: Crítica

Suturas de la memoria

EQUIVOCA FUGANombre recurrente en toda antología o catastro del teatro argentino contemporáneo, Daniel Veronese ha ganado un reconocimiento creciente en la cartelera santiaguina a partir de la visita de compañías trasandinas con trabajos de su autoría y dirección.
En esas creaciones han quedado de manifiesto las zonas pantanosas por las que se desplaza su escritura al torcer el sentido de anécdotas aparentemente realistas, hasta hacerlas estallar y desnudar la violencia, la desazón o la catástrofe que anida en el cotidiano. Leer el resto de la entrada »

Escrito por: Javier Ibacache | Julio 3, 2009 | Archivado en: Crítica, Teatro

Crítica de teatro en Chile: Un oficio siempre en riesgo de extinción

Reflejo de la dispar valoración que en Chile se entrega al teatro, la llamada “crítica teatral’’ ha devenido más bien en una mezcla de reseñas y comentarios que pugnan por no sucumbir frente a la devoradora cultura del espectáculo.

A falta de una cantera permanente de fenómenos de masas (del tipo “La Negra Ester’’ o “Sinvergüenzas’’) o de montajes que semanalmente sean objeto de polémica (como “Prat’’), su ejercicio tiende a menguar progresivamente en los medios escritos al punto de transformarse en un oficio cuasi marginal y al borde de la extinción. Leer el resto de la entrada »

Escrito por: Javier Ibacache | Junio 27, 2009 | Archivado en: Crítica